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| Karin Astrid Siegmann |
A partir de la adopción de las medidas de prevención contra la propagación del nuevo coronavirus ha surgido un nuevo tipo de héroe: la trabajadora y el trabajador esencial. Una crisis global con las características de la actual nos hace tomar conciencia de lo esencial de los cuidados y la alimentación para nuestro bienestar. La lógica subyacente es muy simple: las y los trabajadores esenciales (re)generan la vida, no generan productos ni ganancias. Por lo tanto, encabezan la lista de las ocupaciones esenciales en el contexto de las respuestas al covid-19 que fueron anunciadas por muchos gobiernos. Pero a pesar de que mantienen los engranajes de la sociedad bien aceitados y en movimiento, sus remuneraciones siguen generalmente bajas y su trabajo no se valora debidamente.[1]




